Víctimas de la invasión de los microplásticos, que invaden los océanos

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El Microplástico se ha consagrado como el vocablo de moda; tanto es así que la Fundación del Español Urgente (Fundéu) ha elegido recientemente el término ‘microplástico’ como palabra del año. En 2018 protagonizó tantas conversaciones, que ganó en la votación final a candidatas tan potentes como ‘VAR’, ‘mena’ y ‘micromachismo’.

Hasta 12 millones de toneladas de plásticos entran en los océanos cada año, ahogando los ecosistemas, provocando daños a la fauna y entrando en la cadena alimentaria. ¡Es una invasión plástica!, alerta Greenpeace, el movimiento global integrado por más de tres millones de personas en 55 países, que actúan para poner fin a los abusos contra el medio ambiente.

Según remarca la organización, “nos han obligado durante demasiado tiempo a consumir envases de plástico en nuestras compras, y durante años nos han contado que reciclando y mejorando la gestión de residuos podemos solucionar este problema”.

Seguimos sin reciclar

Pero denuncia: “sabemos que más del 90% del plástico que consumimos no se recicla”.

Y reclaman a los supermercados la eliminación de los envases de plástico en sus frutas y verduras, y les piden “que proporcionen alternativas sostenibles para comprar sus productos de alimentación y que fomenten la venta a granel”.

En este sentido, hay organismos públicos que innovan y ejercen su presión para inhibir comportamientos favorables a la contaminación plástica de los mares. La Región de Murcia impulsa la investigación sobre estos contaminantes imparables que circulan por el aire y el agua y ya se han instalado en la cadena alimenticia.

De hecho, un estudio de la Universidad Politécnica de Cartagena revela que las depuradoras urbanas retienen entre el 90% y el 96% de estas partículas sintéticas.

Trazas de microplásticos  en todas partes

Las trazas de estos contaminantes de menos de cinco milímetros -aunque algunos son casi invisibles- están presentes en el agua, el aire y los alimentos que consumimos, procedentes de la degradación de los materiales sintéticos que utilizamos para casi todo: bolsas de la compra, ropa, neumáticos, cosméticos…

Se habla cada vez más del microplástico, pero la información científica sobre esta nueva pesadilla ambiental del siglo XXI aún es escasa. Los investigadores trabajan a marchas forzadas en el estudio de un residuo derivado del petróleo difícilmente degradable que se clasifica, además de por su tamaño, por su origen: son primarios los que llegan al medio natural tal y como fueron producidos -como microesferas presentes en geles exfoliantes y pastas de dientes-, y secundarios los que resultan de la degradación en pequeñas partículas de otros objetos de plástico más grandes, o de la liberación de fibras de prendas de ropa o alfombras -de una chaqueta pueden desprenderse hasta 1.900 filamentos en un solo lavado-.

Microplásticos, daño físico por abrasión

Aunque es ahora cuando estamos reparando en ello, estas partículas sintéticas se están acumulando en la naturaleza -y en nuestro interior- desde hace cuatro décadas.

Todavía no está demostrado que la ingestión o inhalación de estos residuos sea perjudicial para la salud, según los expertos, «Se observa que los microplásticos pueden ejercer un daño físico por abrasión, bloqueo del tracto digestivo, menos actividad reproductiva e incluso muerte por malnutrición.

Pero también, y a veces más importante, la lixiviación de los componentes que constituyen el plástico, especialmente los aditivos empleados en su fabricación, como antioxidantes, retardantes de llama o pigmentos, pueden actuar como disruptores endocrinos. Por término medio, un 4% del peso del plástico son sus aditivos».

Polietileno y fibras de ropa

El residuo de este tipo más frecuente en la Región de Murcia es el polietileno de baja densidad, con el que están fabricadas las bolsas, envases y cubiertas de invernaderos, junto con fibras sintéticas, según los datos recabados por el Grupo de Investigación Ingeniería Ambiental de la UPCT, que dirige Javier Bayo.

Después de indagar sobre la presencia de microplásticos en cosméticos y en arenas y sedimentos del Mar Menor -donde las cantidades encontradas resultaron muy similares a las de otras zonas costeras analizadas por el Ministerio-, la UPCT investiga ahora la concentración de estos materiales diminutos en aguas residuales: la conclusión más interesante -«aunque hace falta una serie temporal mayor para resultados más concluyentes», advierte Bayo- es la eficacia de las depuradoras urbanas para retener estos residuos, con un porcentaje de reducción de entre el 90% y el 96%.